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  Historia Antigua de México

28/10/05

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PRUEBA
Historia Antigua de México

 

 

Angélica Beltrán 

La obra que hoy nos ocupa: Historia Antigua de México de Francisco Xavier Clavijero, constituye una historia abarcadora del México antiguo, una pieza clave para conocer y entender las culturas prehispánicas asentadas en el territorio de Anáhuac.

El autor aborda varios aspectos de las sociedades del México antiguo, incluye lo social, geográfico, económico, moral y religioso. La calidad de la misma la colocó entre las obras clásicas de la ilustración europea.

DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR

Francisco Xavier Clavijero nace en el puerto de Veracruz hacia el año 1731. Durante su infancia convive con los indígenas súbditos de su padre; de quienes aprende sus lenguas, entre otras, el nahuatl, otomí y mixteco. Conocimiento que le será de utilidad para elaborar su obra y comprender mejor la historia de los antiguos mexicanos.

Clavijero forma parte de aquel grupo social falto de identidad propia, por carecer de nación y por haber nacido en una tierra muy distinta a la de sus padres, aunque mantienen costumbres de una patria desconocida, España.

Pertenece a la llamada casta de los criollos: hombres y mujeres nacidos en América, de padre y madre españoles. Este sentimiento de no pertenencia a la tierra de sus padres es lo que le lleva, entre otras cosas, a escribir su Historia Antigua de México

Como la mayoría de los jóvenes de su generación y clase, estudió filosofía, teología y retórica en colegios de jesuitas. Y en 1748 entró a formar parte de esta orden. Estudió en los colegios más prestigiados de la Nueva España: en Guadalajara, Valladolid (Morelia) y Puebla. Lo que le dio ocasión de conocer diferentes regiones de México.

En el año de 1767 se expide un decreto del rey Carlos III de España, donde se ordena la expulsión de los jesuitas de tierras pertenecientes a la corona.

Así, cerca de 400 miembros de esta compañía salen al destierro. Javier Clavijero es conducido a la Habana, Cuba y de ahí a Bolonia, Italia, donde pasó los últimos años de su vida y escribió su obra.

Hacia 1770, las ideas de la Ilustración acerca del nuevo mundo y sus nativos resultaron ser para Clavijero contrarias a su opinión personal, basada en estudios ya iniciados en la Nueva España, y su convivencia con los americanos, de los cuales él ya formaba parte, aunque en el destierro.

Los ilustrados establecían que el americano de antes de la Conquista, era salvaje, primitivo, inculto, falto de intelecto, afeminado y cobarde, inferior a los hombres del viejo continente.

Estas concepciones “nefastas y falsas”, a opinión de Clavijero, comenzaron a propagarse en toda Europa e imprimirse en la magna obra denominada La Enciclopedia.

La efervescencia de la corriente de la ilustración es especialmente notoria en países tales como Francia, Inglaterra, Holanda e Italia. Siendo así, Clavijero se empapa de este pensamiento; lo adopta y crea su obra más importante.

Sirviéndose de algunos métodos de la filosofía de la ilustración, Clavijero elabora una obra de igual magnitud, a la altura de cualquiera de los ilustrados; para responder a las afirmaciones equivocadas de los hombres ilustrados de Europa.

Clavijero se muestra así mismo como un hombre de su época, como un ilustrado; no obstante el apego a su vocación religiosa (recordemos que la corriente de la Ilustración fue un movimiento científico que rompía con la manera tradicional de explicar el universo y la humanidad. La creencia de que Dios padre había creado al mundo y a los hombres y a través se su voluntad se explicaban sus hechos, ya no se aceptaba más).[1]

 CONTENIDO DE LA OBRA

La Historia Antigua de México fue escrita entre 1770 y 1780, consta de 10 libros o capítulos. En el libro I aborda la historia natural del México antes de la Conquista; en el dos, ofrece el perfil de los mexicanos;[2] en el  III, IV y V,  la vida cotidiana, donde quedan comprendidas las guerras, conquistas, casamientos, funerales, fiestas, cultos, comercio,  gobiernos, etc.

El sexto libro es sobre la vida religiosa, la  economía y el sistema de justicia. El séptimo, sobre el arte y la medicina; el octavo y noveno, sobre el arribo de los españoles al territorio de Anáhuac, las primeras relaciones de ambas culturas, sus alianzas, choques y la marcha de los peninsulares hacia la metrópoli.

En el último libro se relata el encuentro de españoles y  mexicas, su enfrentamiento; la caída del imperio azteca y finalmente la nueva forma de convivencia y organización social entre ambos grupos.

 CONCEPCIÓN DE LA HISTORIA

En otro aspecto, es importante saber las motivaciones e intereses que tuvo el autor para escribir su obra. En este caso no es difícil saberlo, pues él mismo lo estableció en el prefacio de la Historia Antigua de México: “Emprendí esta obra por servir en lo que pudiese a mi patria”. La forma en que trata de servir a lo que él tempranamente llama patria, es colocar a esta tierra en un alto sitio.

Para Clavijero, la historia, siendo ya una de las disciplinas más impregnadas de la vida común de los hombres, constituye un arma que, que en su visión, serviría para desmentir las severas  afirmaciones de los europeos en relación a la inferioridad congénita del indígena respecto del peninsular, para ello escribió:  

Las virtudes del antiguo mexicano: sobriedad en el comer y beber, paciencia en el trabajo, entereza ante el peligro, severidad en el castigo, amor por los hijos, respeto a los padres y una inclinación definida hacia la superstición en la práctica externa de la religión”.[3]

En su Historia, Clavijero desmiente las apreciaciones de los europeos s concepciones y, además, reivindica el esplendor del México antiguo, de los hombres de aquella época y de los nuevos americanos, los criollos

“Pauw escribe de los americanos desde su gabinete en Berlin, sin salir de él sabe las cosas de América”. “No es la realidad occidental la que tienen estos ilustrados como norma suprema sino que es la razón occidental, que sobrepasa todas las determinaciones sociales e históricas”. [4]

“En cuanto a lo que dicen nuestros filósofos de la fealdad de los animales americanos, es verdad que entre tantos hay algunos cuya figura no corresponde a la idea que tenemos de la hermosura de los brutos. Pero ¿quién nos ha asegura que tal idea sea justa”. [5]  

Esta historia le sirvió a él y su grupo social para defender  el estatus del hombre americano, y constituyó el germen y origen de la corriente del patriotismo criollo; que encauzó el camino de ese grupo social hacia la búsqueda de una identidad nacional.[6]

Al percatarse de los errores en que incurrían los ilustrados y por el sentimiento de cariño y pertenencia que le profesaba Clavijero al lugar donde nació y vivió sus primeros 36 años de vida, tuvo la motivación de escribir esta historia.

Así, la mayoría de sus causas para escribirla son de tipo personal; no olvidemos que es un hombre en el exilio, desterrado; parte de un nuevo grupo social, el criollo; grupo que es discriminado en Europa y también en América.[7]

CÓMO SE ESCRIBE LA HISTORIA

De acuerdo a las palabras de Clavijero, la historia se escribe confrontando a varios autores de diversas corrientes, versados en el tema de estudio. No haciendo sólo recopilación de datos sino emitiendo juicios a partir de razonamientos lógicos.

Lo cierto es que si bien los acontecimientos no tienen sentido aparente, el historiador debe armar su narración de tal modo que el resultado final sea un discurso lógico y coherente. Asimismo, se hace necesaria la explicación de los hechos, y no sólo el relato de los mismos.

En la Historia Antigua de México, Clavijero ofrece explicaciones de los sucesos acaecidos a los antiguos mexicanos, así, encontramos que “A los toltecas los acabó el hambre y la enfermedad, luego de sequías y desastres naturales”.[8]

No se limita a hacer una historia anecdótica o de personalidades; va más allá, señala líneas de desarrollo: la interrelación entre la masa social y los gobernantes, formas de convivencia, de costumbres, ideología, entorno natural: “El motivo que tuvieron los chichimecas para abandonar su patria es incierto. El último rey había dejado el gobierno dividido entre sus dos hijos Achcauhtli y Xoloc. Este, o disgustado, como es natural, de compartir con otro su autoridad o reconociendo que los montes de aquel reino no bastaban para proveer de sustento a sus habitantes, determinó remediar la necesidad.”[9]. 

Las interpretaciones de Clavijero en esta obra no son rígidas, están sujetas a crítica, pues advierte que probablemente nunca se sabrán a ciencia cierta cómo fueron en realidad ciertos acontecimientos:

“Por lo que mira a las demás naciones que se fueron asentando en el territorio de Anáhuac, es increíble la variedad y confusión de los historiadores sobre su origen, su número y el tiempo en que arribaron. El grande y prolijo estudio que he tenido para indagar la verdad sólo me ha servido a aumentar la incertidumbre, y a hacerme perder del todo la esperanza de que algún día se sepa lo que hasta ahora se ha ignorado”.[10]

En esta magna obra Clavijero escribe como todo un ilustrado, hace  prevalecer la razón por encima de las creencias; sin olvidar su formación cristiana, el autor  elimina casi por completo los elementos característicos de la tradición historiográfica católica; aunque subsisten algunos motivos religiosos, es claro que éstos están supeditados a otros intereses.[11] Por ejemplo, cuando dice que el hombre americano tiene su origen, al igual que el europeo en el padre Adán. Esto, para afirmar que de ninguna manera es inferior a éstos.

En su historia, Clavijero opina y emite juicios a favor de los indígenas; pretende comprender el ser y actuar de los antiguos y nuevos mexicanos. Para ello, se basa en escrupulosas investigaciones, cuyas fuentes son primordialmente Juan de Torquemada: Monarquía Indiana e Ixtlixochitl, por parte de autores americanos; y de lado de los europeos, se sirve de los textos que critica, para retomar datos y contraponer las concepciones vertidas ahí con las de él; estos son, el naturista francés Georges-Louis Leclerc de Buffon, el antropólogo holandés Cornelius de Pauw y William Robertson, historiador británico. A quienes cita con respeto, les corrige imprecisiones y en diferentes ocasiones pone en duda sus afirmaciones:

“D. Antonio Ullua dice que el nopal en que se cría la cochinilla no tiene espinas, pero en este punto le informaron mal” [12]

M. de Pluche se engañó cuando en su Espectáculo de la Naturaleza describe el árbol del liquidámbar como un arbolillo. Por el contrario, el árbol es grande”[13]

En este trabajo, Clavijero emite su juicio acerca las obras escritas hasta ese momento sobre el tema de América y sus pobladores; las califica de fidedignas, confiables, bien realizada o todo lo opuesto.

La Historia Antigua de México, por su calidad en tanto estudio erudito fue reconocida en Europa, y en América particularmente. A través de sus pasajes reivindica la cultura americana: la de los grupos nativos y los criollos. Dicha cultura la consideró restauradora de la verdad y la justicia históricas.

Clavijero reconoció que muchas veces no se puede saber la verdad de la historia y hay lagunas que por falta de datos confiables no pueden ser despejadas: “La historia de la primitiva Anáhuac  es tan oscura y está alterada con tantas fábulas (como la de los demás pueblos del mundo) que es imposible atinar con la verdad”. [14]

Al confrontar autores, Clavijero transcribe algunos datos o pasajes de sus textos y añade: “ignoro cuál sea su fundamento” o bien “respeto la autoridad, pero dudo de su dicho”.

Así por ejemplo, en el libro III establece: “Es increíble lo que añade Torquemada en su reseña del pueblo chichimeca, dice que halló más de un millón de chichimecas, y no es posible que en tan corto espacio d tierra (20 leguas) se pudiese mantener un millón de cazadores.”[15]

“Que Xoloc reinó 113 años y vivió más de 200. Quién será capaz de exponer todas las contradicciones y anacronismos de Torquemada”. [16]

Incluye en su narración una descripción plástica y colorida de los productos de América: plantas y animales, para mejor conocimiento de los mismos en Europa. “El maguey o pita que los mexicanos llaman metl, es una de las plantas más comunes y más útiles. El Dr. Hernández describe 19 especies de magueyes, aún más diferentes por la sustancia que por la figura y color de sus hojas”.

Aporta elementos referidos al conocimiento empírico de los indígenas y lamenta que los primeros españoles que llegaron a este territorio no hayan tomado notas de todo ese conocimiento que ya se perdió en su mayoría: “El bagre es de un gusto muy delicado, pero nocivo, si no se le purga antes su carne con el zumo de la naranja, o con otro ácido de cierta baba viscosa que tiene”.

Para finalizar, diremos que las ideas generales que Clavijero transmite a través de su obra son: los indios de América proceden del mismo origen que los europeos, del padre Adán. Por lo tanto, no son inferiores a los hombres del viejo continente.

El indio es racional, al igual que todos los americanos del pasado y presente. A los hombres nacidos en América les corresponde la historia de indias, cuya naturaleza es clásica, tal como la greco-romana.

Si el origen del americano y europeo es el mismo, su mezcla biológica y cultural da resultados productivos.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bloch, Marc. Introducción a la historia, Breviarios, F.C.E., México, 1987, 1a edición 1949, en francés, 157 Pág.

Clavijero, Francisco Javier. Historia Antigua de México. Editorial Porrúa, México, 1964; 621 pp.

 Estudios de historiografía de la Nueva España, Hugo Días-Thomé, Fernando Sandoval, Manuel Carrera, Carlos Bosch, Ernesto de la Torre, Enriqueta López Lira... Colegio de México; Centro de Estudios Históricos, México, 1945, 1a edición.

El discurso histórico, Roland Barthes. Instituto de Investigaciones Históricas, Boletín de Información, mayo-agosto, 1983.

Francisco Xavier Clavijero. Antología; Estudio introductorio y selección de Gonzalo Aguirre Beltrán, septentas, SEP; 1976, Editorial Melo, 198 pp. 


 

Notas al pie

[1] Francisco Javier Clavijero. Antología; estudio introductorio y selección de Gonzalo Aguirre Beltrán, Septentaas, SEP; 1976, Editorial Melo, pág. 20.

[2] Rasgos que indudablemente fueron retomados por los estudiosos nacionales del ser mexicano, entre los que destacan Samuel Ramos en El perfil del hombre y la Cultura, y Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad.

[3] Clavijero, Fco. Xavier, Historia Antigua de México, México, 1964, Ed. Porrúa, Libro I, pág. 21

[4] Idem, pág. 25

[5] Idem, pág. 30

[6] La Jornada, “David Brading, historiador inglés”; 4 de octubre de 1996, sección Cultura.

[7] Esto me lleva a pensar, en primera instancia, que el artículo 1 de la Constitución Mexicana establece que cualquier hombre que nazca en territorio mexicano pertenece a este lugar como nación, atendiendo, quizá, a todos aquellos que durante la conquista nacieron aquí, y el lugar de procedencia de sus padres era otro y no México; estos nuevos grupos sociales efectivamente no tenían una residencia clara. No así los mestizos, que siendo producto de la sangre indígena, su lugar es México, sin lugar a dudas, España no lo es. Para ellos no hay confusión en cuanto a su pertenencia, pero sí en cuanto a los grupos sociales producto de mezclas entre razas provenientes de otros continentes: Europa, África y Asia. Los mestizos sí tienen arraigo, raíces; ¿por qué entonces Samuel Ramos considera al mexicano -mestizo- un hombre sin identidad, y Octavio Paz, un hombre solitario?

[8] Clavijero, Fco. Xavier, Historia Antigua de México, México, 1964, Ed. Porrúa, Libro II, pág. Pág. 182.

[9] Idem, pág. 52.

[10] Clavijero, Fco. Xavier, Historia Antigua de México, México, 1964, Ed. Porrúa, Libro IV, pág. 205.

[11] Estudios de historiografía de la Nueva España. Varios autores. La historia antigua de México del padre Francisco Javier Clavijero, por Julio Le Riverend Brusone. Colegio de México ; Centro de Estudios Históricos, México, 1945.

[12] Clavijero, Fco. Xavier, Historia Antigua de México, México, 1964, Ed. Porrúa, Libro I, pág. 161.

[13] Clavijero, Fco. Xavier, Historia Antigua de México, México, 1964, Ed. Porrúa, Libro I, pág. 156.

 [14] Clavijero, Fco. Xavier, Historia Antigua de México, México, 1964, Ed. Porrúa, Libro II, Pág. 48.

 [15] Idem, Libro III, pág. 187.

 [16] Idem, Libro III, pág. 195.

 

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