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  Día de muertos en Mixquic

28/10/05

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Día de muertos en Mixquic

 

Por Fin. La Guía del ocio/

Suplemento de El Universal

Angélica Beltrán

 Al caer la tarde del día 2 de noviembre el pueblo de San Andrés Mixquic se encamina al camposanto con cirios encendidos, flores de cempasúchil, nube, pata de león y azucenas; comida y jorongos. Una vez ahí, cada cual levanta un pequeño altar en la sepultura de su ser querido. Esta noche emprenden su camino de regreso al más allá las almas de los difuntos, que ya visitaron a quienes los mantienen vivos en el recuerdo y a través de nuestras tradiciones, que a pesar de todo, no se pierden.  

San Andrés Mixquic, uno de los siete pueblos de la Delegación Tláhuac, que se caracteriza por el culto que rinde a sus muertos celebra la llegada de los santos difuntos a partir del 31 de octubre, con feria y puestos de antojitos en sus calles, así como con la velada en el camposanto, la que dura toda la noche y es amenizada con música, cantos y oraciones.

Al pardear la tarde del día 2, el cementerio se llena de lucecitas que destellan por doquier, y las agita un viento que recorre el lugar y amenaza con apagarlas; pero ninguna languidece, los espíritus lo mantienen todo iluminado.

El canto y las oraciones amenizan las horas en el cementero, en medio del frío y el bullicio de todo el pueblo que está de fiesta. Hay mucho movimiento, la gente va y viene de una sepultura a otra, pues en el pueblo la mayoría son familiares o amigos cercanos que comparten el cariño por los mismos difuntos. Aunque luego de las visitas de cortesía, se aprecian pequeños y compactos grupos en cada lápida.

Las mujeres con rebozos que cubren sus cabezas entonan salmos que ofrecen con devoción a las ánimas que han iniciado su retorno. Los hombres se sientan en las tumbas o sillitas de madera que forma parte de los enseres que llevan al camposanto, y platican con sus difuntos o simplemente oran en silencio.

 Algunos contratan músicos huapangueros o marichis, otros llevan sus grabadoras y con discos y cintas amenizan la velada, y todo en ese momento es fiesta: niños, jóvenes y adultos, toda la familia va al reencuentro con sus muertos.

No falta la comida y la bebida para todos; es el momento de la comunión entre la vida y la muerte, entre lo material y lo espiritual. La música proveniente de cada sepultura se deja escuchar. Hay vida en el lugar de los muertos, hay convivencia. Los niños corren por todos los pasillos del cementerio, los hombres beben y las mujeres sirven los alimentos.

Toda una velada de flor y canto, de olor a incienso, a nardos y cempasúchil. Las horas nocturnas en el cementerio transcurren ligeras. El pueblo entero convive toda la noche recibiendo y honrando a los difuntos familiares y conocidos, para quienes les dispusieron una ofrenda un cirio encendido por cada alma que se recuerda, a la que le ofrece la comida que este año haya dispuesto dios.

Hay quienes encienden un cirio y colocan una ofrenda para todas las ánimas que no tienen a dónde llegar, pues murieron en un accidente y no tuvieron una sepultura. Para todos esos difuntos en Mixquic nunca falta una lucecita, un taquito y un lugar a donde descansar.

            Dos días antes de la Alumbrada, como se le llama a este ritual en el cementerio,   31 de octubre, en punto del mediodía, da comienzo la fiesta de Todos los Santos con el  repicar de las doce campanas en la parroquia de San Andrés Apóstol, las que anuncian la llegada de los angelitos, los niños difuntos.

            Para esto, los  pobladores ya colocaron su respectiva ofrenda con tamales de dulce, golosinas y juguetes para las ánimas de los niños difuntos; lavaron y repintaron paredes, puertas y ventanas, colocaron un farol a la entrada de sus casas y regaron pétalos de cempasúchil desde la puerta de cada vivienda hasta donde está la ofrenda, a fin de iluminar y señalarle el camino a los ánimas.

            Al otro día, 1 de noviembre, nuevamente con 12 campanadas se anuncia que ya se van los angelitos; y con un treceavo repique se avisa la llegada de los difuntos adultos.

            Para el 2 de noviembre, a las 8 de la mañana se sirve el desayuno a los adultos muertos, como se hizo con los niños. A las 12 del día se sirve la comida y a esa misma hora se despiden las ánimas con el toque de las campanas parroquiales.

            Para finalizar el rito, al pardear la tarde del día 2 de noviembre, se inicia La Iluminación o alumbrada, el momento más vistoso y espectacular de la fiesta de Día de Muertos en Mixquic. Es la concentración del pueblo en el cementerio donde se les despide a los difuntos, habiendo llegado nuevamente al lugar donde moran, el camposanto.

            Esta celebración es tan concurrida, que se han establecido rutas especiales de autobuses que dan servicio gratuito todo el día y la noche del 2 de noviembre. Salen del metro Taxqueña o del centro de Tláhuac y Xochimilco, hasta el pueblo y cementerio de Mixquic.

 

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